miércoles, 12 de septiembre de 2012

LA BELLA MANDARINA

Hoy Paula nos ha traído un cuento... ¡nos ha encantado!. Se titulaba LA BELLA MANDARINA. La autora es Laura Pons Vega y la ilustradora Elena Odriozola. De la editorial Imaginarium.
Hemos viajado hasta la lejana China, allí vivía Mandarín, un señor rico y poderoso con un gran corazón, y su bella esposa, la Mandarina.... Si quieres saber la historia, no tienes más que leer. ¡Qué disfrutes como nosotros hemos disfrutado!.



Había una vez, en la vieja China de los mandarines, un gran señor rico y poderoso. ¡Era el Mandarin! Vivía en lo alto de una montaña en su palacio de bambú y desde allí veía todas sus tierras.

El Mandarín era grande y gordo, igual que su corazón: en él cabían todos los seres. Su esposa la mandarina era muy diferente: pequeña y hermosa, pero en su corazón sólo había sitio para ella.

El Mandarin quería mucho a su esposa y no veía lo pequeño que era su corazón, deslumbrado por su hermosa cara. Todas las tardes, paseaban por el huerto que rodeaba el palacio, lleno de naranjos, y cogían las naranjas más bonitas para merendar.

Una mañana, estaba la bella Mandarina paseando sola entre los árboles, cuando vio, junto a una tapia, a un mendigo que la miraba. (Pero no era un mendigo: era un mago disfrazado, que había oído hablar de la Mandarina y quería comprobar si era verdad lo que se decía).

Sin acercarse mucho, ella le dijo:
-¡Vete de mi jardín, o llamaré al Mandarin para que te eche!
-Bella Mandarina, tengo sed. Dame una de tus naranjas, por favor- le suplico el mendigo.
-¡Ni hablar! Mis naranjas son muy hermosas y tú sólo eres un viejo feo y sucio- contestó la Mandarina.

El mendigo le insistió: - Tu tienes muchas y sólo te pido una, aunque sea la más pequeña. Pero la Mandarina se negó y empezó a llamar a gritos al Mandarín.

Entonces, el mendigo se transformó en mago y, con su varita mágica en la mano, le dijo:

- Para que aprendas a ser generosa, te convertiré en árbol y darás sabrosos frutos a cuantos pasen por el camino. Tu corazón se hará más grande y todos te querrán. Y la convirtió en un árbol pequeño lleno de naranjitas.

Cuando llegó el Mandarín, no encontraba a su esposa, la Bella Mandarina. Y pasó horas buscándola entre los árboles. Al caer la tarde, cansado y triste, encontró el nuevo árbol y pensó: “¿Qué hace este arbolito entre mis naranjos? ¿Y por qué sus naranjas son tan pequeñitas?

Cogió una fruta, la probó y su sabor dulce le recordó a su esposa. Desde entonces, cada tarde, paseaba hasta el arbolito, siempre cargado de frutas, y merendaba una de ellas, a las que llamó mandarinas en honor a su esposa, la bella Mandarina.

¡Y, aunque no os lo creáis, esto no es un cuento chino!

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